La invención del tiempo: un horario de ferrocaril

La invención del tiempo: un horario de ferrocaril

Asistencia en viaje: sincronicemos nuestros relojes

Como desabrocharse el cinturón después de una copiosa y sabrosa comida, con la llegada del verano nuestras rutinas, agobios, amarguras y estreses se descamisan, se sueltan, se relajan, desaparecen. Ya huele a mar, ya huele a playa, ya imaginamos sentir el salitre de la libertad como una costra de crema solar sobre nuestra piel.

Sin embargo, el verano es un invento relativamente moderno, y para que se pudieran inventar las vacaciones de verano primero se tuvieron que inventar la rutina, los horarios, el tiempo. ¿Por qué se inventó el tiempo?

Aunque desde los comienzos de la humanidad siempre se concibieron distintos artilugios para medir el tiempo como los relojes solares, al principio no existían horarios, o los horarios se regían por elementos naturales: la luna y el sol, las noches y los días. No es hasta la Revolución Industrial del siglo XIX cuando las formas de producción industriales crean la necesidad de tener que inventar un tiempo artificial para sincronizar el trabajo, acompasar una maquinaria humana.

Imaginemos una cadena de montaje: si el trabajador que ocupaba el paso número 2 en dicha cadena de montaje no ejecutaba su acción de trabajo (imaginemos como acción de trabajo el activar determinada palanca) en un tiempo concreto, un momento preciso justo inmediatamente después de que el trabajador 1 activase su determinada palanca y justo inmediatamente antes de que el trabajador 3 activara su otra determinada palanca, la producción de esa cadena se iría al traste.

Surge entonces la necesidad de coordinar los tiempos en los trabajos, surge entonces la necesidad de tener que inventar un horario laboral: una hora de entrada, una hora de descanso y una hora de salida. Este horario laboral se expandió al resto de actividades humanas, inventándolas un tiempo también para ellas a fin de que se acoplasen a él: si la jornada laboral terminaba a las cinco de la tarde, el bar de después del trabajo sería más lógico que no abriese hasta las cinco y dos minutos de la tarde.

¿Cuándo se inventó el tiempo?

El transporte público fue un elemento crucial en el plan de la invención del tiempo: era el encargado de llevar a los obreros a las fábricas para que pudiesen cumplir puntuales el inicio de su jornada laboral. En 1784 encontramos en Gran Bretaña uno de los primeros horarios de carruajes: éste indicaba la hora de salida pero no la hora de llegada, ya que era imposible cuadrar los horarios de, por ejemplo, dos ciudades diferentes. Esto se explica por tres razones:

  • En aquella época no existía una hora consensuada ni siquiera nacionalmente. En Londres los relojes podían indicar las 12:00 mientras que en Liverpool marcaban las 12:20.
  • El reloj no era un invento tan habitual como hoy en día lo es en nuestras muñecas, móviles, ordenadores… Cualquiera de nosotros seguramente tenga hoy día más relojes en su propia casa que un país entero en aquellos años
  • Tampoco los trasportes eran rápidos o las comunicaciones tan inmediatas como para que en Liverpool diese tiempo a saber que iban veinte minutos adelantados respecto a Londres o que en Londres diese tiempo a saber que iban veinte minutos retrasados respecto a Liverpool.

En 1847 las Compañías Británicas del Ferrocarril decidieron remediar esta desincronización y acordaron fijar una hora común para poder cuadrar un horario para sus ferrocarriles: todas seguirían la hora del observatorio de Greenwich. Más de treinta años después, en 1880, el gobierno inglés decidió adoptar el mismo sistema de consenso horario para el territorio nacional. Se inventaba, así, oficialmente, el tiempo.

El tiempo y las vacaciones de verano

Desde entonces hasta hoy, sobre todo a través de las tecnologías y los medios de comunicación, fijar una hora, indicar un tiempo y un ritmo globales sigue siendo una de las pretensiones por excelencia. Para advertirlo no hay más que fijarse en la Radio, que después de tantos años sigue conservando la costumbre de dar a cada hora la señal horaria mediante un pitido que antiguamente permitía a los poblados alejados o a los buques en alta mar poner sus relojes en hora.

Quizá este verano, si vais a viajar en tren o en avión, tengáis la mala suerte de sufrir algún retraso, los inventos más precisos a veces fallan también. No desesperéis. Respirad hondo. Acordaos de este artículo. Acordaos de cómo se inventó el tiempo. Recordad que las vacaciones de verano precisamente están hechas para poder olvidar por un rato el tiempo y los horarios. Y sobre todo recordad, llegado el caso, la amplia cobertura de Asistencia en viaje que incluyen vuestras pólizas de Protección Familiar (reclamación de equipaje perdido, cancelación y retraso de vuelos etc.).

Authored by: SuperAdminTotal

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